Hoy amanecemos en Carpintería, un pueblecito de la costa californiana al norte de Los Angeles. Tenemos muchas millas por delante hasta nuestra próxima parada en ruta: San Francisco (donde esperamos llegar mañana).

La primera parada ha sido Santa Bárbara (¿recordáis aquella serie de tropecientos mil capítulos?). Hemos desayunado como reyes con un café espresso a la europea ¡servido en taza! (después de más de veinte días con café americano, se agradece).



Desayunados, nos ponemos en camino hacia el norte, tenemos el océano a nuestra izquierda y todo es cada vez más verde. Hay palmeras altísimas, y vamos viendo viñedos a lado y lado de la carretera, ¡estamos en el territorio de Falcon Crest! Quién diría que hace 24 horas estábamos en el desierto... El primer tramo consiste en unas 150 millas de autovía hacia el norte, antes de tomar la carretera 1, conocida como la Big Sur.

A mediodía hemos realizado una parada técnica para comprar un poco de comida y agua... Y ¿qué ha pasado? Pues que nos hemos visto atrapados en un agujero negro de compras en un centro comercial, lo que nos ha retrasado un poco, ¡pero ha valido la pena (je je)!

Por fin hemos emprendido el camino hacia la Big Sur, una de las carreteras más míticas de los Estados Unidos, que recorre el tramo de costa entre San Simeón y Carmel. Esta carretera es la excepción que confirma la regla aquí en los USA, puesto que está llena de curvas. El trayecto (unas tres horas) ha sido precioso, ya que transcurre entre acantilados impresionantes; teniendo el mar a un lado, y el verde de las montañas al otro.



El paisaje es muy bucólico (con vacas, casitas y demás) y lo más impresionante: ¡hemos visto por primera vez a los elefantes marinos! Cuando ves a este tipo de animales (aquí tan normales) te das cuenta de lo lejos que estás de casa... Os ponemos una foto, aunque la calidad no es muy buena, porque está hecha a través de unos prismáticos:


Para rematar la jornada de carretera hemos visto la puesta de sol desde el coche; ya llevamos unas cuantas en este viaje y aún así siguen dejándonos con la boca abierta.



Una vez recorrida la Big Sur hemos llegado al pueblecito de Carmel (del que fue alcalde -y dónde vive- Clint Eastwood). Todo es muy mono y muy exclusivo, aquí realmente se ve otro nivel (cochazos, tiendas de lujo carísimas, etc.). Lástima que no hemos visto a Clint...

Cansados, nos disponemos a buscar un motel en el pueblo de Monterey. Será la última noche que buscamos motel, puesto que las siguientes ya las tenemos reservadas en San Francisco; y aquí viene la anécdota.

Hemos tenido un problema con la habitación: la cisterna no funcionaba, así que hemos pedido un cambio de habitación; nos han dicho que no tenían, así que nos encontramos con que no nos cambiaban la habitación y tampoco nos querían devolver el dinero... Vamos, que viendo que éramos guiris nos querían tomar el pelo.

Por suerte, ha pasado por ahí un policía al que hemos acudido a pedir ayuda. Sólo queríamos aclarar la situación para que no nos cobraran lo que no era justo. Por primera vez, nos hemos alegrado de ver un poli; aquí estan en todas partes, y la verdad es que imponen bastante. El agente, súper majo, nos ha tranquilizado, ha hablado con los del hotel y hasta nos ha dado una tarjeta suya por si necesitáramos cualquier cosa. Esto de tener un poli americano (como los de las pelis) tan de cerca impresiona... Le hubiéramos pedido hacernos una foto, pero no hemos querido tentar a la suerte, je je.

Muy cansados, nos hemos arrastrado hasta el hotel de al lado, donde hemos conseguido una habitación sin problemas (y con una cisterna que funciona)... Hoy ha sido un día completo y con la anécdota se nos ha hecho bastante tarde (ahora son las 2:08), así que nos vamos a dormir. Mañana news desde San Francisco.

Empezamos el día en nuestro hotel tee-pee del Wigwam, como ya os comentamos ayer un sitio muy auténtico y mítico de la ruta (¿os suena el motel de Sally de la peli Cars?).


Y de allí pasamos a ver el primer McDonalds, que ahora es un museo con un cierto toque añejo. Lástima que no podemos entrar porque está cerrado (esto es algo que nos ha pasado a veces, porque por aquí hacen unos horarios la mar de extraños, je je...).

Seguimos nuestra querida Ruta 66 por California aprovechando para ver los últimos neones de la carretera. Entre milla y milla le damos un buen lavado a nuestro bólido, que se lo merece porque se porta de maravilla. Y finalmente... ¡Llegamos a Los Angeles! Una gran ciudad, más tráfico, más coches... Decididamente, el encanto de la carretera solitaria ya se ha acabado.

Por suerte, los sitios imprescindibles para ver en la ciudad están todos muy cerca: vemos las letras de Hollywood y los teatros (Kodak y Chino). La verdad es que hay mucho ambiente por las calles, un montón de guiris alucinados como nosotros y gente disfrazada de todo: Snoopy, Charlot, Marilyn... Y lo mejor ha sido pasarnos un buen rato (bajo un sol abrasador, por cierto) descubriendo las estrellas del paseo de la fama. ¡Divertidísimo! Tenemos un montón de fotos con estrellas de todo tipo (actores guaperas, personajes Disney y demás), pero aquí os dejamos la mejor...

No se ve muy bien, pero es la estrella de... ¡¡Chuck Norris!! Y nosotros estamos rindiéndole tributo con su famosa "patada voladora", ja ja ja...

Después nos hemos ido a recorrer la "parte alta", es decir, Beverly Hills (casas con muy buena pinta) y Rodeo Drive (tiendas megacarísimas y exclusivas). ¡Nos hemos sentido como en las películas!

Y, por fin, en la tarde llegó el gran momento, la llegada a la playa de Santa Mónica: EL FINAL DE LA RUTA 66. La situación del punto donde termina la Mother Road no está muy clara; hay varias versiones diferentes, pero nosotros nos hemos hecho las fotos en todos los sitios posibles. Éste es el oficial, una placa conmemorativa a Will Rogers:


Parecía que un viaje de tantas millas se nos haría pesado y largo, pero no ha sido así: hemos disfrutado todos los paisajes, la gente, la vida de la América profunda, etc. Por todo esto, acabar hoy nuestra aventura por la carretera nos ha parecido demasiado rápido, y mirábamos esa placa con un cierto aire de tristeza... Ha sido alucinante. Thanks for all! Good bye, Route 66!

Después nos hemos ido a mojarnos los pies (y los pantalones y faldas también, claro) al Pacífico, donde hemos disfrutado de un agradable rato de playa. Y... de lo mejor del día: ¡el vigilante de la playa! Nos ha visto tan entusiasmados haciéndole fotos a su "chiringuito" que nos ha invitado a las chicas a subir y hacernos mil y una fotos con él. ¡¡Incluso hemos podido coger el flotador, así que nos hemos sentido como en la serie de Los vigilantes de la playa!! La verdad es que ha sido muy amable e incluso nos ha dado alguna recomendación para los próximos días (y le entendíamos perfectamente, ya que hablaba un poquito de español). Y encima "no tiene ni un gramo de grasa"! (Conxi dixit, o sea, que estaba muy bien). Toda una experiencia...


Después del alucine nos hemos "arrastrado" (las chicas literalmente) hasta el puerto o pier, donde hemos paseado por el parque de atracciones, hemos degustado unas gambitas del Bubba Gump (famoso por la película de Forrest Gump) y hemos contemplado una fabulosa puesta de sol en el océano Pacífico. Sabemos que esto es difícil de repetir, así que hemos saboreado esos momentos con mucha emoción...


Después de la puesta de sol nos hemos vuelto a poner en marcha para dormir en Carpintería, al lado de Santa Bárbara, donde mañana empezaremos la Big Sur, la carretera de la costa que une Los Angeles con San Francisco.

En general, hemos disfrutado muchísimo de Los Angeles y nos ha encantado. Quizá es porque las perspectivas no eran demasiado buenas, ya que todo el mundo nos había dicho que era una ciudad bastante fea. Pero debemos decir que nuestro día ha salido redondo, todo nos ha parecido genial y hemos disfrutado a tope en la ciudad...

Pese a eso, es cierto que el post de esta noche tiene un cierto sabor agridulce, ya que el final de la ruta pesa un poco en nostros aún. Hemos pasado un rato recordando los mejores momentos, lugares y personas que hemos encontrado durante este fantástico "paseo". Pero el viaje continua, así que... ¡San Francisco, allá vamos! Mañana la Big Sur: más ruta, más sitios por descubrir, más aventuras...

Día 20 (Las Vegas - Rialto): Vuelve la ruta

viernes, 28 de agosto de 2009 |

Hoy nos ha costado despertarnos pronto después del subidón de ayer por la noche. Hemos estado reorganizando las maletas para que cupiesen de alguna manera razonable todas las compras hechas estos días, suerte que somos unos expertos en esto del Tetris (je je). Después de una docena de donuts para desayunar y un buen café del Starbucks, hemos reiniciado la ruta.



Ha sido una jornada de carretera: hemos superado nuestro record, ¡600 km! Cruzando el desierto de Mojave, pasando al estado de California (¡Governator!) hasta llegar a las puertas de Los Angeles.

Hemos podido comprobar lo que es un desierto en toda regla: rectas kilométricas, algún núcleo deshabitado de tanto en cuando y un calor más que intenso (para variar).

No sabemos si encontraremos algún sitio para comer, pues estamos literalmente en medio de la nada; suerte que llevamos provisiones en el coche para emergencias: galletas de Cheddar -merecerán un post aparte cuando volvamos del viaje- y barritas energéticas para aguantar hasta que encontremos algo. Por suerte aparece un oasis (sí, el restaurante se llama así) y nos metemos entre pecho y espalda una hamburguesa de las que hacen época, presentes hasta en medio del desierto.

Luego, más millas. Hemos visto el Bagdad Café (dónde se rodó la película del mismo nombre). El paisaje sigue transformándose, el desierto ahora es más verde, quizá por las lluvias de estos días.


En el tramo final, cuando ya nos hemos acercado a la "civilización", hemos vuelto a observar los habituales carteles, neones y tiendas de la ruta; esto tiene una vida increíble, se nota que nos acercamos a Los Angeles...

Para finalizar el día, nos hemos alojado en el Wigwam Motel, dónde las habitaciones son Tee-Pee's de hormigón como los que salen en Cars (para que os hagáis una idea, son unas tiendas de campaña estilo indio -un poco friki, lo sabemos, pero supermítico-. Las habitaciones son más grandes de lo que parecen por fuera y puedes aparcar el coche al lado.


Hemos intentado ir a cenar al primer McDonalds (el original) que está aquí al lado, pero ahora es un museo, así que lo dejamos para mañana y nos "conformamos" con una cenita en Juan Pollo, ja ja ja...

Mañana es el ultimo día de la Ruta 66: parece mentira que después de tantas millas lleguemos a Santa Mónica... Esperamos ver las famosas playas con sus famosos vigilantes (ya os contaremos si hemos visto o no a Pamela Anderson).

Ahora a reponer fuerzas, ¡el final de la ruta nos espera!

Día 19 (Las Vegas): Nos damos al juego

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El día ha empezado con calma: desayuno y actualización del blog (por fin parece que hemos encontrado una conexión decente). Nos fijamos como primer objetivo buscar el famoso cartel de "welcome to fabulous Las Vegas". No puede ser que llevemos tres días aquí y aún no lo hayamos visto.

Como el cartel está "relativamente cerca" de nuestro hotel, vamos dando un paseo bajo un sol abrasador (a pesar de ser primera hora de la mañana). A veces nos olvidamos de que estamos en medio del desierto... Cuando llegamos, hay menos gente de la esperada, así que nos hacemos las fotos de rigor sin mayor complicación.


Segundo objetivo del día: conseguir entradas para un espectáculo. Como muchos ya sabréis, Las Vegas tiene una oferta increíble de gran número y variedad de espectáculos de teatro, música, etc. Nos apetece ir a ver algún espectáculo del Cirque du Soleil (¡hay más de 3 diferentes en la ciudad!). Como hemos encontrado un sitio que venden entradas con descuento, vamos para allí y compramos los tickets para "Ká", un espectáculo que además hacen en el MGM, muy cerca de nuestro hotel. La jugada nos sale bien, nos ahorramos unos dólares y nos dirigimos enseguida al MGM para cambiar los tickets por las entradas definitivas. ¡Ha habido suerte! Nos dan entradas justo en el centro, muy buena visibilidad.

Aprovechando que visitamos el MGM, vamos a ver a los descendientes del famosísimo león de la Metro. Sí, tienen su propio espacio y se les puede ver en directo a través de un pasillo transparente. Incluso se puede pagar para entrar en la "jaula" con ellos, pero eso casi que lo dejamos para otro día... ¿Qué? ¿Vosotros os atreveríais?

Como ya habréis deducido, hoy tampoco nos moveremos en coche. Hemos comprado el pase de un día para el Deuce, un autobús que recorre el Strip (calle central de Las Vegas) de punta a punta. Aconsejable si venís por aquí... No es que sea muy rápido, pero por lo menos te mueves con tranquilidad.

Así pues, cogemos el Deuce hacia el Downtown, la parte antigua de Las Vegas: casinos históricos, cierto aroma decadente, pero a nuestro modo de ver, mucho encanto; muy alejado de los faraónicos hoteles-casino actuales, con presupuestos interminables. Aquí se respira el auténtico espíritu que creó Las Vegas. Si venís, no os lo debéis perder.

En el Downtown la actividad se concentra en la calle Fremont, actualmente famosa por su gran bóveda iluminada... Pero lamentablemente el espectáculo es sólo por la noche. Volveremos después. Mientras tanto, damos rienda suerta a nuestro lado oscuro... Buscamos un casino que funcione aún con monedas. No es tan fácil como parece, pero damos con uno donde incluso tienen el típico cubo donde llevar las moneditas.

Hemos decididos jugarnos (es decir, gastarnos) 10 dólares en partidas de 25 centavos... ¡A ver quién dura más! Esto de darle a la palanquita y oir la música adictiva y el tintineo de las monedas al caer cuando hay premio, la verdad es que engancha. Pero como somos buenos, no nos dejamos arrastrar a este mundo de vicio y perdición. Salimos del casino tan enteros como entramos, pero con los bolsillos un poco más descargados...


Sección comida, hoy un poco pobre: un bocadillo en Fremont y regreso al hotel para prepararnos para ir al teatro. Por el camino no podemos evitar algunas compras de souvenirs.

Empezamos la noche con el espectáculo. Puntuación: 11 sobre 10. El Cirque du Soleil era apuesta segura. Espectacular el escenario... ¡sin palabras!

Como lo prometido es deuda, volvemos a la calle Fremont, donde llegamos justo para ver 30 segundos de espectáculo. Increíble, son las 12 de la noche y los casinos están cerrando. Nada que ver con la zona nueva.


Derrotados tras un día tan intenso, volvemos al hotel a descansar. Mañana a primera hora dejamos Las Vegas para bajar hacia el sur y reemprender la Ruta 66... La verdad es que ya tenemos ganas. ¡La carretera nos está llamando!

Hoy nos ha tocado madrugar bastante. Tenemos contratada la excursión al Grand Canyon a primera hora, por lo que nos levantamos a las 5:30. Después de la caminata de ayer hemos dormido poco y nos arrastramos como podemos hasta la recepción del hotel, donde nos pasan a recoger.

Primero nos llevan en un "furgocar" (una mezcla de furgoneta y autocar) hasta el aeropuerto de Boulder City, donde subimos a la avioneta que nos llevará al Grand Canyon. El vuelo ha sido muy tranquilo, esperábamos más movimiento tratándose de una avioneta.

De camino hemos sobrevolado la presa Hoover y el desierto de Mojave (sensacional verlo desde el aire). Todo un espectáculo. Antes de aterrizar, también sobrevolamos una parte del Gran Cañón. La verdad es que desde aquí nos impresiona más que cuando lo vimos el otro día.

Llegamos a la pista (una de ellas) en el Cañón y subimos al helicóptero que nos bajará hasta el río. Algunos ya habíamos volado antes en helicóptero: paseo tranquilo, no como en las películas. Aquí la cosa cambia un poco, despega acelerando e inclinando el helicóptero, coge velocidad, realiza un par de giros y se aproxima a la brecha del Gran Cañón. De repente, se "tira" directamente hacia abajo, con una sensación de montaña rusa que hace que compense lo que hemos pagado. El trayecto dura poco, pero las vistas son sensacionales. Nos dejan junto al río Colorado.


Aquí nos dan un poco de agua para que no nos deshidratemos y nos subimos a la barca que nos dará un paseo por el río. Momento de calma y tranquilidad, disfrutamos del paisaje, que realmente vale la pena. Desde este punto, el paisaje es aún mejor. Comprobamos lo que dicen de que el Cañón cambia de colores a cada momento, el paisaje se va transformando durante el día, pero no deja de ser impresionante.

De nuevo, el trayecto dura menos de lo esperado. Subimos al helicóptero que nos devuelve a la parte alta, donde nos llevan en autobús a un par de puntos de vista: Eagle Point, Skywalk (no lo hemos hecho, es caro y hemos leído que no vale la pena) y Guano Point (este último consideramos que es uno de los mejores puntos que hemos visto, además coincide con pequeñas nubes que le dan otro matiz a los colores del paisaje). En el último punto comemos un "plato combinado" que, para venir con una excursión contratada, no está mal del todo.

Muertos de sueño, nos subimos de nuevo a la avioneta. Esta vez el viaje no es nada tranquilo, el aire mueve la avioneta a su antojo, aunque suponemos que es normal, pero como son aparatos muy ligeros, y como dentro hace mucho calor, llegamos un poco "moviditos"; parece que a primera hora del día siempre se viaja más tranquilo que cuando "aprieta" el calor.

Como llegamos al hotel al mediodía, decidimos que nos hemos ganado un descanso; nos regalamos una siesta de 3 horas que nos deja en situación de reemprender la exploración de Las Vegas cuando ya ha caído la tarde.

A última hora saltamos con energías renovadas a la noche de Las Vegas. Calor en las calles, frío en los casinos, ríos de gente que van y vienen, luces, neones, movimiento... ¡Fascinante! La ciudad no deja de sorprendernos, todo está hecho a lo grande y se nota la cantidad de dinero que se maneja. Se mezcla (y a veces se confunde) la clase y el estilo con el horterismo terrible.

Esta noche hemos visitado el MGM (el hotel-casino más grande de Las Vegas), el París (cenita de crep incluida) y el Treasure Island (donde hemos visto el espectáculo en la calle más grande hasta ahora: las Sirenas, donde llegan incluso a "hundir" un barco).

A pesar de la siesta, estamos cansados (insistimos en que las distancias aquí son MUY grandes -quien venga, que se traiga calzado cómodo-), así que volvemos paseando al hotel. Mañana no madrugaremos, je je...

¡Por fin ha llegado el momento esperado! ¡¡Nos vamos de compras!! Hemos oído tanto hablar de los Outlets de Las Vegas, que vamos a pasar por allí (las chicas quieren tomarse la revancha por el otro día, que no compraron nada).

A primera hora (pero sin madrugar) nos reunimos con Nuria y Raúl, que se alojan en el Luxor y tras un ligero desayuno (de verdad, esta vez ha sido ligero... sólo otra caja de donuts... por el tema del Wifi -que hoy tampoco funciona-), nos vamos de compras. Los outlets están a las afueras de la ciudad, así que cogemos el coche (10 min.).

Resumiendo: precios muy interesantes, especialmente para quien buque marcas concretas. Pero tampoco nada excesivo. Eso sí, mucha variedad.

Aquí sigue haciendo muchísimo calor; incluso tienen pulverizadores de agua para "aliviar" a la gente y que siga "quemando" la VISA... Pues eso es lo que hacemos, seguir comprando.


La mañana se nos pasa volando, realizando alguna que otra compra, aunque menos de lo esperado (excepto en la tienda de Columbia... aquí la VISA ha "temblado" -je je-). Decidimos comer algo por aquí mismo y seguir por la tarde un poco más de compras... Total, la ciudad es mejor de noche.

A media tarde nos vamos para el hotel (recordad que ahora estamos en el Excalibur). Un par de horas de descanso y esperar a que baje el sol.

Hemos vuelgto a quedar con los amigos que están en el Luxor, así que aprovechamos para hacer la visita. Vemos el Luxor, el New York, y vamos hacia el Treasure Island. Como no vamos a llegar a tiempo al espectáculo, nos paramos en el Mirage y vemos el espectáculo del volcán... ¡Totalmente recomendable!



Antes de emprender la vuelta (aviso para quien venga por aquí: las distancias son ENORMES; nos hemos dado una paliza de caminar tremenda), Visitamos el Venetian, que está al otro lado de la calle.

Después de una noche de sueño reparador en una cama en las mejores condiciones (los hoteles
de Las Vegas parecen que son bastante buenos para el descanso), nos ponemos en marcha para visitar Death Valley, otra "paliza" de coche que valdrá la pena para aprovechar el día.

Por el camino paramos a repostar: primero, nuestro estómago. Desayuno a base de donuts en Krispy Kreme (aunque no os lo creáis, hemos escogido este sitio porque tienen wifi para los clientes... pero nos han comentado que la conexión es como el Guadiana, a veces va y otras no, y hoy no iba). Es un sitio curioso donde tienen la maquinaria que "fabrica" los donuts, por lo que te los comes recién hechos. Además, la máquina está a la vista, pudiendo ver todo el proceso: cómo pone la masa, la hace "pasear" un rato para que esté en su punto, la introduce en el aceite, le da la vuelta, le añade el recubrimiento de azúcar, etc. Muy interesante. Por supuesto, el producto buenísimo.



Una vez repostados nosotros, repostamos nuestro vehículo, que hemos leído que por Death Valley no hay absolutamente nada y mejor ir con el depósito lleno, no sea que nos quedemos tirados en medio de la nada. También repostamos a "pandorita", nuestra pequeña amiga que nos mantiene desde hace días bien hidratados, con agua fresquita (se trata de una sencilla nevera de porexpán que cada día rellenamos con el hielo gratuito de los hoteles y agua... ¡Imprescindible para nuestra salud!).

Bueno, ya estamos preparados. Nos lanzamos de nuevo a la carretera, esta vez en dirección noreste, hacia el desierto puro y duro. Unas tres horas de camino y llegamos a Death Valley. Un valle que por su situación y condiciones, es uno de los puntos más calientes del planeta (dicen que el que más), con una temperatura media de 45 grados. También tiene el punto más bajo del planeta de tierra firme, ¡¡más de 80 metros por debajo del nivel del mar!!

Nos os vamos a explicar el detalle de lo que es Death Valley (más información en Wikipedia), pero hay que decir que es una extensión enorme de desierto montañoso donde al parecer sólo habitan serpientes, arañas y "bichos" similares). El calor aquí es sofocante, con un viento cálido que nos deja totalmente planchados. Estamos por encima de los 42 grados a la sombra, una sensación abrumadora. El paisaje es totalmente yermo.

Como hemos llegado un poco tarde, nos "aparcamos" en el centro de información (museo, aire acondicionado y ¡¡wifi!!). Los contrastes de la vida: Las Vegas, ciudad increíble con toda la tecnología del mundo y para encontrar una conexión es imposible (si no pagas); en medio del desierto (en serio, Death Valley es el centro de la nada), encontramos conexión y, como ya sabéis, hemos podido publicar el post de ayer gracias a eso.

Tras pasar un rato en el aire acondicionado, comemos algo (suerte que hemos comprado "jerky", una especie de carne seca que venden en todas partes y que está bastante buena). Con esto y con unas barritas de cereales tendremos que subsistir hasta la noche. Cogemos de nuevo el coche e iniciamos el recorrido por el parque de Death Valley. Se visita en coche ya que son muchas millas las que hay que recorrer.

Destacable Bad Water, el punto más bajo, con un lago de sal bastante impresionante. Seguimos un recorrido bastante señalizado viendo los sorprendentes paisajes de diferentes colores y texturas.


Finalmente, llegamos a un punto elevado desde donde se puede contemplar el valle en toda su grandeza. Las nubes han empezado a entrar en el valle cuando llegamos, algo insólito si consideramos que en este punto cae sólo 1 litro de agua al año. Tras hacer las fotos de rigor y disfrutar del paisaje, emprendemos el regreso a Las Vegas con algo de prisa, ya que esta noche hemos quedado con unos amigos: Raúl y Núria.


De camino atravesamos una tormenta impresionante, sorprendente en el desierto. Llegamos a Las Vegas, donde no llueve, pero el tiempo está bastante agradable. El resto de la noche: check-in (durante las próximas 4 noches estaremos en el Excalibur, que viene a ser algo así como el Exin Castillos, pero en grande... je je), ducha rápida, cena de bocadillo (buenísimo)... y ¡a pasear! Hemos visto un par de casinos (New York, New York; Caesar's Palace, Belaggio). Las fuentes del Belaggio... ¡sensacionales!



El plan para mañana: irnos de compras y después seguir viendo casinos... Ya os contaremos.

Como impresión del día, seguimos sorprendidos con los contrastes que estamos viviendo: del dinamismo de la ruta a la tranquilidad de los parques nacionales, del desierto absoluto al ajetreo de Las Vegas... ¡Pero todo forma parte de la avenura!