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Día 26 (San Francisco - Barcelona): El regreso

sábado, 5 de septiembre de 2009 |

¡Hola a tod@s!

Antes de nada, muchas gracias de nuevo por seguirnos todos estos días y por todos vuestros comentarios... Esta experiencia del blog ha sido muy gratificante.

Pero como todo lo bueno, ya se acabó. Publicamos la última etapa del viaje con un poco de retraso porque aún estamos un pelín descolocados... Ya se sabe, el jet lag.

El último día empieza en San Francisco, levantándonos a una hora razonable, ya que nos acostamos tarde preparando las maletas... ¿Qué os vamos a contar? Entre los regalitos y recuerdos, y que la ropa parece "crecer" durante las vacaciones, resulta toda una odisea.

Como el vuelo sale por la tarde, pedimos que nos guarden las maletas en el hotel y nos vamos a dar nuestro último homenaje desayunando a la americana: bagels, zumo de naranja tamaño familiar y un café con leche (eso sí, a la europea, que el café americano no mola nada).

La intención es aprovechar la mañana visitando el parque de Presidio, por lo que cogemos una combinación de autobuses que, tras una larga hora, resulta que nos deja al pie del Golden Gate. ¡Perfecta despedida! El día es soleado y la visibilidad del puente es perfecta, algo muy poco frecuente. Nos despedimos de uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad y volvemos de nuevo a Japantown (donde está el hotel). Se acerca la hora de irnos, pero antes hay que comer algo.



En Japantown para comer, aunque sea obvio, nos vamos a uno de los múltiples restaurantes japoneses y nos regalamos un sushi de lo mejor que hemos probado (difícil encontrar algo así en Barcelona por un precio razonable).

Llega el momento crítico. Nos viene a recoger el taxi al hotel ("pedazo" de taxi... Parece una limusina) y directos para el aeropuerto. La aventura se acaba, pero aún quedan casi 24 horas para llegar a casa. En este momento desearías que se hubiera inventado el teletransporte.


Desde aquí, poco más que contar: diez horas de vuelo hasta Londres (vuelo tranquilo, alterado únicamente por la conversación incansable de algunos vecinos de avión). La llegada a Londres, muy gratificante, ya que el avión entró por encima de la ciudad y la visibilidad era muy buena, pudimos ver desde el aire el Thames, el palacio de Buckingham, el Big Ben, etc.

Tras una larguísima escala (más de cinco horas), con caras tristes por acabar el viaje y ganas de llegar a casa para descansar, cogemos el último vuelo, que llega sin mayor complicación sobre las diez de la noche (hora española).

A casa y a dormir. Si conseguimos pegar ojo esta noche, es posible que el cambio horario sea más suave.

Como conclusión, si algún día tenéis posibilidad, os recomendamos este viaje sin ningún tipo de duda. Es mucho mejor incluso de lo que parece... y una gran oportunidad para conocer los Estados Unidos de una manera "diferente" a los típicos viajes a ciudades.

Podemos decir sin duda que es un viaje que vale la pena, en el que lo importante no es tanto lo que se visita, sinó la carretera, el camino. Además, un viaje de este tipo permite interaccionar muchísimo con la gente local (sobretodo en zonas más rurales, dónde la gente es más abierta), lo cual es muy gratificante.

Para los que os decidáis a hacer la Ruta 66, nuestra intención es publicar más comentarios incluyendo consejos, restaurantes, gastos, etc. Creemos que estos datos os pueden resultar útiles.

Un saludo también para los "compañeros" que han hecho este viaje y han realizado sus propios blogs. Hemos seguido las aventuras de algunos de ellos, con los que nos identificamos muchísimo; en especial con los amigos de la Ruta 66 en directo, que han hecho el viaje muy parecido y casi en los mismos días que nosotros.

Y por supuesto, un abrazo a todos los amigos y familiares que habéis estado día a día con nosotros. ¡Gracias por vuestros comentarios! Ha sido como ir de viaje con todos vosotros... ¡sensacional!

Empieza el día con la ya habitual musiquita del despertador... Caras somnolientas y pocas ganas de levantarse. Hemos empezado la cuenta atrás y hoy el inicio del día será muy duro; tenemos que despedirnos de nuestro coche, uno más del equipo que nos ha acompañado en esta aventura. Va a ser un momento difícil. Lo echaremos de menos.

Pero como somos decididos, nos levantamos, nos preparamos y salimos de nuevo al frío de San Francisco, que no deja de sorprendernos teniendo en cuenta que estamos en agosto. Recogemos el coche del parking donde ha pasado la última noche y nos dirigimos a la agencia de alquiler, donde lo dejamos a buen recaudo con Pandorita dentro, por si puede ser útil al próximo que llegue.

Ha sido un mal trago, así que hemos de hacer algo para olvidarlo... Y ¿qué mejor que un buen desayuno a la americana? Hemos decidido que no vamos a tratar de seguir una alimentación sana hasta que lleguemos a casa de nuevo. Total, nos quedan pocos días y vamos a aprovecharlos al máximo... je je. Así que nos vamos a Lori's (otro diner fantástico) y nos pedimos un plato completo (huevos, bacon, hash browns, pancakes...). Nos mejora considerablemente el humor.

Mientras desayunamos, planificamos un poco lo que queremos hacer hoy y cómo nos vamos a mover en transporte público. Primera parada: Union Square. Se considera el centro de San Francisco (aunque no esté realmente en el centro). Una plaza agradable y sencilla, con comercios alrededor.

Siguiente destino: Powell Station. Hemos de comprar allí el pase de 3 días para el transporte público. Allí mismo vemos como dan la vuelta al tranvía (cable car) a la "vieja usanza".


Subimos en este transporte para experimentar y también para acercarnos a Chinatown, que aunque está cerca (las distancias no son excesivas), moverse caminando es complicado ya que aquí las pendientes de las calles son impresionantes (típicas películas con persecución de coches que saltan en cada cruce... o también el famoso anuncio de Sony Bravia donde tiraban miles de pelotitas de goma por las empinadas calles de San Francisco).

Es curioso el barrio de Chinatown. La primera calle que pasamos parece muy comercial y bastante turística, pero pronto se nota que todos los carteles y tiendas están en chino, y que la gente que hay por la calle son orientales. En cuanto nos movemos un par de calles parece realmente que estemos en China, tanto por la gente como por los comercios, diarios, rótulos, etc. Sin embargo, nos pareció más auténtico el barrio de Japantown donde estuvimos ayer (en la zona de nuestro hotel). Allí todo parece más "natural".


Aprovechando que ha salido el sol y que ha mejorado considerablemente la visibilidad, decidimos coger un autobús que nos lleve hasta Marina, un parque junto a la bahía de San Francisco desde donde tenemos la intención de ver el Golden Gate, ya que ayer apenas lo intuimos entre la niebla.

¡Ha habido suerte! El tiempo acompaña y podemos disfrutar de una buena vista del puente. La verdad es que se está muy agusto. A la sombra sigue haciendo frío, pero al sol se está muy bien, por lo que aprovechamos para dar un paseo bordeando la costa hacia el Fisherman's Wharf, antigua zona de pescadores, ahora paseo turístico con bastante vida y visita obligada si venís por aquí.

Además del agradable paseo, los muelles y las tiendas, nos gustaría destacar dos cosas interesantes:

1. Los leones marinos. Gustan de descansar en el muelle 39 y los hay a montones. Ya es extraño contemplar estos animales en persona y en libertad, pero más raro aún se hace verlos entre los muelles de embarcaciones de recreo.


2. La panadería Boudin Sourdough. Aquí preparan un plato típico de la zona: la clam chowder, una especie de sopa (con textura de bechamel) de almejas, que sirven dentro de un pan abierto, de corteza crujiente y sabor exquisito. Un plato delicioso que además ayuda a entrar en calor, lo que se agradece con este clima. ¡Imprescindible probarlo!


Hemos comido un poco tarde para aprovechar la mañana, así que vamos directamente al muelle 33, donde debemos coger el barco que nos llevará a Alcatraz... ¿Qué os vamos vamos a contar? Todos conocéis la historia de "La Roca" por las numerosas películas en las que aparece. Esta prisión, a escasos 2 kilómetros de San Francisco, ha sido históricamente una de las prisiones más seguras del mundo, por su construcción, por su vigilancia y porque es prácticamente imposible sobrevivir a las fuertes corrientes y las frías aguas que la rodean.

La visita es completa y muy interesante, con una audioguía que explica muy bien la historia y la hace interesante. Como datos curiosos, decir que sólo se "escaparon" 3 personas de sus dominios, y que nunca se supo si realmente lo consiguieron o si se ahogaron en el intento. También cabe destacar que aquí cumplió parte de su condena el mismísimo Al Capone.


Por suerte, nosotros logramos escapar sin complicaciones (y sin tener que excavar un túnel con la cuchara ni nadar en gélidas aguas).

Cuando regresamos a tierra firme ya es noche cerrada y eso se nota en la temperatura, que ha descendido unos grados. Cenamos un chocolate caliente en Ghirardelli (fábrica de chocolate típica... y buenísima), y nos volvemos al hotel. De nuevo se nos ha hecho un poco tarde y dormiremos poco, pero vale la pena. Tenemos que aprovechar hasta el último minuto de este fantástico viaje.

Mañana seguiremos recorriendo la ciudad, que aún quedan muchas cosas por ver.

Día 23 (Monterey - San Francisco) : Ozú, qué frío

lunes, 31 de agosto de 2009 |

Después de un breve (en serio, hoy ha sido breve) desayuno, hemos iniciado el viaje hacia San Francisco. El paisaje cuando nos acercábamos a la costa era muy curioso, ya que estaba lleno de niebla. En cambio, cuando nos alejábamos de la costa, el sol brillaba con todo su esplendor. Poco a poco, iban pasando los kilómetros, y cada vez nos acercábamos más a nuestro objetivo. De las primeras cosas que nos han llamado la atención ha sido encontrarnos de lleno con Silicon Valley, viendo las sedes de Intel, Yahoo, Microsoft, Google... ¡Qué pena haberse dejado los currículums en casa!

Después de todos estos días de buen tiempo entrar en San Francisco nos ha causado un pequeño shock, ya que la ciudad está envuelta durante la mayor parte del año por unas nubes bajas y las temperaturas son bastante frías, especialmente en comparación con los calores del desierto a los que nos habíamos acostumbrado días atrás. Además, tan sólo cruzar las montañas, el sol luce de nuevo y el termómetro también sube.

Llegamos al hotel Tomo al mediodía, y como estamos en el mismo Japantown, decidimos que hoy para comer toca japonés. Nos dirigimos a un centro comercial nipón que hay enfrente del hotel y empezamos a ver uno detrás de otro un montón de restaurantes. Nos llama la atención que en la mayoría de ellos los platos están detrás de una vitrina, para que veas como son las raciones, pero nos sobresaltamos al descubrir que en realidad son réplicas de plástico muy realistas. Entramos en el quinto restaurante que vemos, ya que entre las réplicas de plástico y el olor, el estómago nos pide guerra. Por enésima vez la suerte nos sonríe y nos comemos el mejor sushi de nuestras vidas con un poco de tempura y sopa de miso.


Como dato relevante, decir que los comensales de todos estos locales son japoneses, por lo que estamos convencidos de la calidad y autenticidad de la comida.

Respecto al hotel hemos acertado, ya que es precioso. La decoración está muy cuidada (tiene un estilo japonés-pop muy interesante).


Con la barriga bien llena nos dirigimos con el coche a hacer una visita panorámica de la ciudad. Primera parada Lombard Street, la carretera con más curvas por metro del mundo, con un desnivel del 27%. En el camino descubrimos las empinadas calles de la ciudad y los clásicos tranvías. Al llegar a Lombard primero la bajamos (y subimos) a pie para hacer las fotos de rigor. Cuanto más nos acercamos al final, más se nota el olor a freno quemado (no es de extrañar viendo la pendiente).


Después de subir el desnivel a pie hemos bajado con el coche para ver lo que se siente. El viaje resulta muy entretenido ya que la velocidad, por razones obvias, no puede superar los 10 km/h.

La siguiente parada es Sausalito, una ciudad costera que limita con San Francisco. Para llegar pasamos por el famoso Golden Gate, el cual estaba (como parece ser habitual) medio tapado por las nubes. Al cruzar el túnel que separa San Francisco de Sausalito, las nubes han desaparecido y hemos pasado de un frío invernal al verano al que estábamos acostumbrados. Como dijo Mark Twain: "El invierno más duro que pasé, ha sido un verano en San Francisco".

En Sausalito hemos visto una tienda en la que vendían camisetas muy curiosas teñidas con chocolate, cerveza, café, vino y otros productos, que además dicen que retienen el olor del "tinte" durante más de dos lavados.

Cuando hemos vuelto al clima londinense de San Francisco nos ha entrado hambre (somos básicos: comer, pasear y dormir, je je je) y hemos visto un dinner muy interesante. Una vez dentro y después de pedir comida "de régimen", hemos visto que el local sale en la película American Graffiti... De nuevo acertamos: ¡otro local fantástico y con historia!


Tras la cena, llevamos el coche al parking y hemos hecho limpieza: hemos recogido todos los papeles y cosas que teníamos dentro, puesto que mañana nos despediremos de este cañonero que nos ha acompañado durante toda la ruta durante más de 6.000 km y que para nosotros ha sido como una casa móvil y un compañero más en la ruta. Va a ser muy duro separarnos de nuestro Ford que, por cierto, todavía no tiene un nombre claro, aunque mayoritariamente nos referimos a él como Cañonero (muy trillado, pero apropiado) o Pandoro (el hogar de la Pandorita y muchas veces nuestro salvador).

Mañana seguimos la visita a esta ciudad tan preciosa y acabaremos la jornada en Alcatraz... Bueno, ¡esperamos no quedarnos ahí!